Las 10 cosas que me enseñó Canadá para la vida

En mi Blog para esta semana quiero hablarles un poco del poder que tienen las experiencias en el desarrollo de las personas.

Como adultos basamos gran parte de nuestro aprendizaje en la práctica y son las vivencias las que nos enseñan día a día y nos transforman. El reto está en observarnos a nosotros mismos a través de estas experiencias, revisar lo que sentimos, pensamos y vivimos con el fin de capitalizar estas vivencias para el resto de nuestras vida.

Por esto hoy quiero compartirles mis lecciones de vida, luego de haber dejado Canadá hace ya 8 meses y de haber logrado ver desde una óptica más objetiva y menos emotiva aquellas cosas que impactaron mi esencia y la transformaron para siempre.

Hace más de 3 años que por circunstancias de la vida, mi esposo y yo emprendimos un viaje juntos, desafiando fronteras de idioma, cultura y lanzándonos a al mundo de lo desconocido. En Noviembre de 2013, Toronto, la capital de la Provincia de Ontario nos recibió en una noche fría.

En ese momento estaba dejando todo atrás: un trabajo que amaba, mi familia, amigos y dejaba atrás a mi adorada Bogotá, una ciudad que me había ofrecido albergue, amistades, enseñanzas y sobre todo mucho desarrollo profesional en mis últimos 7 años.

Al llegar a este nuevo país, todo era nuevo para mí; me sentía como una niña, en donde todos mis sentidos estaban alertas, me dejaba sorprender por lo desconocido, me encantaba oír las conversaciones de personas en idiomas diferentes, ver sus costumbres, su vestuario, sus hábitos, rutinas y comidas típicas.

Creo que los que han tenido la fortuna de vivir en otro país han sentido lo mismo; todo se vuelve una nueva experiencia, un aprendizaje y una nueva lección, que sólo logramos dimensionar el alcance de ésta en nuestras vidas cuando dejamos estos valiosos lugares que tanto nos enseñaron. 

Yo les confieso que desde que viví en Canadá, ya no soy la misma… No quiere decir que haya cambiado mi esencia, pues creo que mis pasiones, gustos y forma de ser sigue siendo la misma. Soy la misma paisa alegre, extrovertida y apasionada de siempre, pero sí siento que algo en mí cambió y se transformó para siempre. Siento que había un velo, algo que me nublaba y que la experiencia de vivir en este maravilloso país me logró despejar.

Mi esposo y yo fuimos personas muy afortunadas, pues realmente encontrábamos en el camino historias de personas valientes y con muchos sueños por cumplir que veían sus esperanzas frustradas al no encontrar un trabajo u oportunidades óptimas que les permitieran mantener sus estilos de vida anteriores. No quiero detenerme a hablar de lo difícil o lo complicado que es entrar a una cultura diferente; pues como sabemos todo cambio trae sus consecuencias difíciles. Hoy quiero enfocarme en eso que Canadá me enseñó para la vida y que hoy llevo en mi equipaje para siempre.

Acá les comparto las 10 enseñanzas que me dejó Canadá para mi vida:

  1. Cuando estás en un país que no es tu casa, tus amigos son tu familia y son para siempre: Lo pongo primero en mi lista, porque creo que una de las cosas más lindas que le pueden pasar a una persona cuando se radica en cualquier país es poder encontrarse con personas maravillosas que llegan en el momento justo a tu vida, para hacer de tu transición y estadía algo más tranquilo y llevadero. Canadá me permitió conocer grandes seres humanos de infinidad de culturas y países. A todos los llevo conmigo en mi corazón. A mi combo maravilloso de amigos – familia, agradezco infinitamente a la vida nuestros momentos juntos. Hacen parte de mis recuerdos más memorables.
  2. El sentido de comunidad: Canadá es un país que basa su cultura y principios en el sentido de comunidad, lo que no implica que debamos estar siempre juntos, pero que implica acompañar al otro en los momentos difíciles, respetar las diferencias del otro y con base en estas diferencias construir un país mejor, basado en la riqueza de opiniones, pensamientos y creencias.
  3. El respecto por la individualidad del otro: Es increíble como se respeta la individualidad, a tal punto que cuando llegué creía que la gente era fría y distante. Luego comprendí que no se trata de falta de compañerismo, sino de un sentido inmenso de respeto por la privacidad de cada quien. Este punto es un choque grande para los latinos, que nos gusta vivir en “manada” y estar pendientes del otro. No estoy en contra de una postura o la otra. Pero valoré enormemente el sentido de respeto y la carencia de juicios respecto a mi individualidad. 
  4. El verdadero sentido de inclusión: Toronto es una ciudad multicultural, una de las más diversas del mundo, y no sólo lo es por recibir personas de diferentes países, creencias y religiones, sino por ser pionera en la inclusión de personas LGBT. Yo vengo de una crianza y de un país muy conservador y tradicional y el hecho de haber compartido y vivido esta inclusión hoy me hace sentir más abierta y  lista para enfrentar las situaciones desde una postura de aceptación, sin juicios y basada en el amor y el respecto por el otro. Realmente debatí muchos paradigmas internos que tenía de muchos años atrás.
  5. La familia es lo más importante: Si bien no podía estar con mis padres y familiares cercanos, mi esposo se convirtió en mi eje, es mi única familia a cualquier lugar a donde vamos. Es mi amigo incondicional y se convierte en mi polo a tierra, y esto es invaluable pues nos convertimos en un soporte enorme y nos apoyamos el uno a otro en aquellos momentos en los que el cambio nos golpea y en los que debemos reinventarnos a nosotros mismos.
  6. El sentido de planeación y organización, pues los recursos son limitados: Es increíble como todo para los canadienses se basa en su planeación. Agendan sus vacaciones con 1 año de anticipación, programan sus fines de semana con hasta más de 2 meses de antelación y su día a día se basa en planes y agendas estipuladas que tratan de cumplir a cabalidad con puntualidad y efectividad. Al venir de una cultura latinoamericana, este aspecto me sorprendió y me encantó, pues en mi forma de ser va muy de la mano con este principio, pero verlo funcionando en una comunidad es inmensamente poderoso. Se logra evidenciar cómo estos países que se basan en las estaciones son consientes que todos los recursos son limitados y los aprovechan al máximo.
  7. La multiculturalidad enriquece nuestra forma de ver el mundo: Sencillamente aprender del otro, ver como puede desarrollarse en un ambiente abierto a la diferencia es mágico. La conversaciones que se generan son maravillosas. Una de mis grandes lecciones de vida me las dio mi adorada compañera de trabajo “Mehala”, quien me enseñó de la su cultura Hindú. Es mágico compartir con personas que han tenido una crianza diferente a la nuestra, sencillamente nos abren la mente y nos muestran otras formas de ver el mundo.
  8. Mi gran capacidad de adaptación al cambio: No era tan consiente de mi capacidad de adaptación, hasta tanto no logré pasar el primer año en Toronto: nueva casa, nuevo idioma, nuevo clima, nuevo trabajo, nuevos amigos… Los seres humanos nos sorprendemos muchas veces de nuestra capacidad de asumir y enfrentar el cambio. Subvaloramos nuestras capacidades, pero la vida siempre nos dará aquello que estamos listos para enfrentar.
  9. La capacidad que tenemos los seres humanos para reinventarnos: Creo que esta lección fue una de las más grandes para mí. Me consideraba una persona con un rumbo definido, unas metas claras y un norte sin turbulencia. Pero ¡Oh Sorpresa!, la vida me puso frente a una situación en la que debí reaprender nuevos hábitos, afianzar un nuevo idioma, aprender cosas nuevas a nivel profesional y darme cuenta que tenía habilidades que no había explorado. En Canadá inició mi vida como corredora, asumí un cargo en Recursos Humanos diferente a lo que venía haciendo en mis antiguos cargos. Creo que a partir de estas experiencia se creó una nueva versión de mi.
  10. Balance entre la vida personal y laboral: Como ya lo mencioné en Canadá la disciplina, el orden y la puntualidad son esenciales. Es sorprendente ver como las personas salen de sus trabajos a las 5 en punto para poder ir al tren y desplazarse de acuerdo a los horarios estipulados, pues deben llegar a su casa a continuar con otras labores, lo que permite que las personas estén orientadas a tener un balance entre el trabajo y sus labores en familia. Creo que en esencia esto da un sentido de eficiencia y equilibrio.

Mi reflexión para hoy, más allá de compartirles mi experiencia y mis lecciones de vida en Canadá es compartirles que todos en nuestra vida tenemos experiencias que nos permiten crecer y mejorar, sin embargo muchas veces no nos detenemos a revisar qué nos dejó esa experiencia y a tomar conciencia de cuánto crecimos, avanzamos y reaprendimos a través de ella.

Los invito a que vivamos la vida “Aquí y Ahora” y a que también tengamos momentos en donde hagamos altos en el camino después de la turbulencia, de grandes cambios o de experiencias vividas, para tomar nota, recapitular interiorizar y seguir adelante.

Un abrazo para todos desde Canadá!

 

 

One Comment on “Las 10 cosas que me enseñó Canadá para la vida”

  1. Hermoso, un regalo invaluable para quienes tenemos el gusto y el honor de recibirlo. Realista, sincera, agradable!. Gracias por ensenarnos tantas cosas de la vida a traves de tus reflexiones, sobre esta gran oportunidad que te dio la vida

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