La Ayuda Genuina desde el Estar Presente

He estado reflexionando estos días acerca de lo que significa para mí AYUDAR y me he puesto a pensar que en esencia al ser seres sociables e interconectados, nos interesa generar impacto en otros, servir de una u otra forma y contribuir a los demás.

Independientemente de la profesión, oficio o misión que tengamos creo que en esencia nuestro propósito de vida, aparte de venir a este mundo a ser felices es a AYUDAR.

Ahora bien, cuando ayudamos ¿Desde dónde lo hacemos? ¿Lo hacemos desde el EGO y desde el sentirnos superiores o importantes? o ¿Lo hacemos desde el servicio desinteresado y la empatía?

He pensado en qué siento cuando ayudo a los demás desde mis diferentes roles como coach, psicóloga, consultora, Directora de RRHH, amiga, hija, mamá, esposa y creo que con los años mis sentimientos y pensamientos han ido evolucionando.

En muchos momentos sentía que el que me buscaran para ayudar simbolizaba que era exitosa, me paraba desde la que tiene las respuestas, de la experta, DE LA QUE SABE.Esta postura no es mala, sencillamente pienso que debe usarse en casos específicos y no en todos; por ejemplo cuando soy Mentora de Carrera o Consultora, uso estas posturas que me permiten ayudar desde mis conocimientos y experiencia.

Ayudar desde mis conocimientos me hace sentir útil a la sociedad, recursiva, me hace sentir que lo que he hecho y aprendido en la vida no es en vano. Ayudar desde el saber me da mucha satisfacción, me genera reto intelectual y me alimenta mis ganas de seguir buscando respuestas y aprendiendo.  Sin embargo, puedo caer en la tentación de seguir alimentando mi reconocimiento y mi ego. He aprendido que cuando alimento mi EGO usualmente me genera emociones efímeras, pues las siento y luego se van.. Queda el reto cumplido, pero luego está la sed de más, la sed de reconocimiento y de ambición.

Con el tiempo y con mi práctica como Coach he ido interiorizando una nueva versión de ayuda que me hace sentir más plena y  más completa y desde allí me paro desde el lugar, DE LA QUE ESTÁ PRESENTE.

Es un lugar que evidentemente me reta más, pues a veces tiende a salir mi rol de solucionadora y de experta, pero para reenfocarme desde la empatía y la escucha presente, me pregunto:

  • ¿Tengo claro qué necesita la persona a la que ayudo?
  • ¿La estoy viendo desde la inferioridad o desde la grandeza de que ella con sus recursos puede encontrar una solución que se acomode a su realidad?
  • ¿Me creo la que tiene todas las respuestas?
  • ¿Estoy dando consejo desde mis experiencias? ¿Para qué?
  • ¿Qué me mueve a ayudar a esta persona? ¿Mi Ego o mi interés genuino por el otro?
  • ¿Estoy creyendo en el potencial del otro o estoy generando dependencia?
  • ¿Estoy esperando que después de la ayuda me diga que soy lo máximo y que le cambié la vida? ¿Para qué?
  • ¿Me estoy cargando con los problemas del otro y haciéndome responsable de sus problemas?
  • ¿ME ESTOY CONVIRTIENDO EN EL SALVADOR DEL OTRO?
  • ¿Estoy escuchando genuinamente la necesidad del otro o le estoy dando las soluciones que yo creo que necesita?

Resumo esta parte con una frase que escuché en una sesión virtual acerca del “ARTE DE AYUDAR”:

“A veces ayudamos más desde el solucionar nuestras propias angustias que desde el ayudar genuinamente.”

Y para esto los invito a que nos revisemos continuamente y nos preguntemos,

¿Qué es lo que realmente me motiva a ayudar? Si la respuesta te conecta con tus principios, te hace ser más feliz y te conecta con el corazón, entonces vas por buen camino.

 

Abrazos.

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